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LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO 1RA PARTE

Posted on January 7, 2015 at 1:55 PM

Los Dones del Espíritu Santo

Primera parte

 

Notamos en el Nuevo Testamento, que cuando el Espíritu Santo viene a alguien, se queda permanentemente en esa persona que acepta al Señor.

 

Vemos que es por obra del Espíritu Santo, que la Virgen María concibe un Hijo. El Espíritu Santo se hace patente en el Bautismo de Jesucristo y es Él quien mueve y dirige toda la actividad de Jesús.

 

El Profeta Isaías, desde el Antiguo Testamento, había predicho un período mesiánico; el Rey mesiánico es delineado en el capítulo 11 Yahvéh. (En su visión profética, Isaías menciona 7 espíritus o dones que adornarán a ese rey Mesiánico). El cumplimiento de ese anuncio profético, se realiza en Jesucristo, en el cual estos dones se manifiestan a lo largo de toda su vida.

 

“Sobre el reposará el Espíritu de Sabiduría, Entendimiento, Ciencia, Consejo, Fortaleza y Temor de Yahvéh”

 

Ese Espíritu de Yahvéh que reposa sobre Cristo, es el mismo que Jesús, poco antes de su Ascensión a los cielos, promete a sus Apóstoles (Lc. 24:49; Hechos 1:4), promesa cuyo cumplimiento se vió realizada en el día de Pentecostés, (Hch. 2:1 ss). En los Apóstoles y en general en la Comunidad primitiva, esa venida del Espíritu Santo a ellos tuvo un especial carácter de plenitud. La expresión que vemos en la Biblia, es:…”Y fueron llenos del Espíritu Santo”…

 

Es también el mismo Espíritu Santo que vive en nosotros, y que quiere realizar en nuestras almas su obra maestra, que es Jesús. Es Él el que nos santifica, y la santificación consiste en que lleguemos a tener los mismos sentimientos de Cristo, en que nos transformemos en Cristo.

 

Y para realizar esto, el Espíritu Santo tiene esos mismos instrumentos que reposaban sobre Cristo, o sea los dones del Espíritu Santo.

Tenemos que hacer notar algunas diferencias básicas entre estos dones y los dones generalmente llamados carismas, como profecía, lenguas, etc., que es generalmente a los que nos referimos en nuestra Renovación Carismática.

 

1) Los Carismas no son señal de santidad, y ni siquiera de estar en gracia, sino que pueden darse en personas en pecado, como en Caifás (Jn. 11:49-50), y en cambio el desarrollo de los dones en una persona, sí supone un crecimiento espiritual. Claro está que lo frecuente es que también los carismas los otorgue Dios a personas unidas a Él, y además, al servir las personas de instrumentos para que pase a través de ellas el poder de Dios, algo bueno debe quedar en ellas, pero no es así necesariamente.

 

2) No todas las personas tienen todos los carismas necesarios para el crecimiento y

edificación de la Iglesia; en cambio, los 7 dones de que hablamos ahora, son regalos de Dios que a todos se nos dan desde nuestro bautismo, aunque debemos hacerlos crecer; son como semillas que brotan y florecen cuando nos esforzamos en ello, pero el gran teólogo Santo Tomás de Aquino, dice que sin ellos, no podríamos salvarnos.

 

En nuestro bautismo, recibimos todo lo que necesitamos en nuestra vida cristiana:

 

Bautismo (recibimos): Fe, Vida Divina, Dones, Virtudes, Hijo de la Iglesia, Filiación Divina,

borra el Pecado, participación de la muerte y de la Resurrección de Jesús.

 

Al mismo tiempo que los dones, recibimos las virtudes, que son como nuestros instrumentos de trabajo para que después crezcan los dones. Cuando los practicamos y luchamos contra nuestros defectos, el Espíritu Santo se va haciendo cada vez más sensible en nosotros por medio de los dones, hasta llegar a ser guiados casi totalmente por ellos.

 

Por ejemplo: practicando pequeños actos de humildad, como aceptar que nos ignoren o no nos entiendan, etc., nos preparamos a actos de humildad cada vez más grandes, como que se atribuya el mérito de acciones en las cuales hemos puesto todo nuestro empeño a otras personas que tal vez poco o nada han hecho y dar gloria a Dios por ello. Por medio de estos actos de humildad heróica, permitimos al Espíritu Santo trabajar en nosotros con el Don de Temor de Dios.

 

Por eso, aunque es el Espíritu Santo el dueño absoluto de sus dones, podemos nosotros esforzarnos en desarrollarlos por los siguientes medios:

 

1.- Haciendo en nosotros crecer la Caridad, es decir, amando a todos cada vez más.

 

2.- Practicando y desarrollando las otras virtudes. Las virtudes que nos unen a Dios, o sea las

Teologales, son la Fe, la Esperanza, y la Caridad. Las virtudes Morales o Cardinales, llamadas así porque en ellas, como con la brújula, siempre encontramos el buen camino, son Prudencia, que consiste en pensar cuidadosamente lo que debemos hacer o decir en cada situación; Justicia, que es dar a cada uno lo suyo, en todo los aspectos; Fortaleza, que es tener fuerza ante las contrariedades de la vida; Templanza, que es usar lo que nos gusta en forma ordenada. Estas virtudes hacen que nuestros actos con nosotros mismos y con nuestros hermanos, sean mejores. Al practicar estas y otras virtudes, como la humildad, confianza, sacrificio, pobreza, etc., que se consideran generalmente como consejos evangélicos, preparamos el camino para que el Espíritu Santo actúe en nosotros por medio de sus dones.

 

3.- Siendo dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo.

 

4.- Deseándolos y pidiéndolos al Espíritu Santo. No conformándonos con lo que somos

espiritualmente, sino ansiar mayor unión con Dios, mayor limpieza y pureza, ser como

faroles limpios en los que se refleje el Señor. Si los pedimos y quitamos los obstáculos,

el Espíritu Santo nos dará sus dones. (María ora y pide al Espíritu Santo a pesar de que ya

estaba llena de Él desde la anunciación).

 

El Espíritu de Dios, con sus dones, trabaja en nuestras facultades humanas, que son el Entendimiento o Inteligencia, la voluntad, y las facultades inferiores: la sensibilidad, el instinto, las tendencias.

 

La más importante de estas facultades es el entendimiento, porque nos permite conocer todas las cosas, y por eso hay cuatro dones que iluminan o trabajan en esta facultad que son los dones de Sabiduría, Entendimiento, Ciencia y Consejo.

 

 

En nuestra voluntad, actúa el Don de Piedad.

Y en nuestras facultades inferiores, actúan los dones de Fortaleza y de Temor de Dios.

 

Cuando en nuestra vida se han desarrollado ya los Dones del Espíritu Santo, comenzamos a vivir las bendiciones que contienen las bienaventuranzas (Mt. 5:3-10), que son ya en esta vida un anticipo de la felicidad eterna.

 

En el cuadro adjunto, tenemos expuesto y representado este nuestro mundo espiritual, que debemos comenzar cada vez más, para poder conocer mejor la obra del Espíritu Santo en nosotros.

 

En la próxima clase, vamos a ver uno por uno los siete dones, con las virtudes relacionadas con ellos y las bienaventuranzas a que dan origen.

 

En los dones hay una especie de escala por sus diferentes grados de perfección, que comienza con el Don de Temor de Dios y termina con lo más alto con el de Sabiduría, el más excelente de todos, y en ese orden iremos explicándolos.

 

No queremos decir con esto que estos 7 dones sean los únicos que reposaban sobre Cristo y que estén en nosotros, sino que son los que se mencionan en Isaías y a los que Sto. Tomás y la mayoría de los teólogos hacen referencia. En realidad, los dones no podrían numerarse. Jesús estaba lleno de ellos y al vivir en nosotros nos los comunica.

 

 

 

 

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