| Posted on December 15, 2011 at 4:30 PM |
CRISTOLOGIA- EL MISTERIO DE LA REDENCION
La condiciòn humana y la liberacion del mal
Todos los seres humanos experimentamos el desgarro entre los deseos de vida y de felicidad, y la experiencia de la insatisfacciòn y del sufrimiento.
La humanidad busca superar esos elementos negativos y alberga una esperanza profunda de liberarse del ma, asì como un anhelo de conseguir la plenitud de la felicidad.
En todas las èpocas los hombres han intentado diversas soluciones para liberarse del mal que les aqueja. (Religiones, filosofias, modelos sociales).
Han pensado que el origen del mal estaba en la ignorancia espiritual, o en los deseos humanos insatisfechos y se imaginan que el ser humano puede conseguir por sì mismo su plenitud…
a) El destino del hombre a la felicidad y el origen de los males que padece.
Jesucristo nos ha revelado que Dios nos amò y destinò antes de la creaciòn del mundo una alianza con nosotros para hacernos partìcipes de su vida infinitamente feliz.
El pecado original y el pecado actual de los seres humanos que ahora vivimos ha desfigurado la imagen de Dios en nosotros.
Pero aunque la imagen de Dios en la persona humana ha quedado obscurecida y desfigurada por el pecado, nunca ha sido destruida completamente. El hombre sigue aspirando a la felicidad plena.
El hombre con sus solas fuerzas no puede liberarse del pecado y de su consecuencias, los intentos aunque positivos, resultan insuficientes.
b) La salvaciòn del hombre es iniciativa de Dios, rico en misericordia
La salvaciòn es obra de la iniciativa divina, pues Dios no abandonò nunca al hombre pecador, sino que, por el contrario, movido por su amor misericordioso, dispuso hacer una Nueva Alianza con el gènero humano para asociarnos a su vida y comunicarnos su bien y librarnos de todo mal. Esta Nueva Alianza serà establecida por medio de Cristo.
La liberaciòn verdadera y completa del hombre ùnicamente procede de Dios, y es, antes que nada, don misericordioso de Dios a la humanidad.
Al entregar a su Hijo por nuestros pecados, Dios manifestarà su designio de amor benevolente que precede a todo mèrito por nuestra parte.
c) Principales expresiones bìblicas sobre salvaciòn que realiza Jesucristo
Redenciòn o rescate. El valor salvador de la vida y muerte de Cristo se presenta bajo la imagen de un rescate o redenciòn que nos libera de la esclavitud del pecado. Redimir o rescatar es salvar a alguien de la prisiòn o de la esclavitud dando algo a cambio, a modo de precio. Jesùs nos salva de la esclavitud del pecado, del diablo y de la muerte, dando su vida por nosotros.
Liberaciòn. Cristo nos ha liberado. Liberar es simplemente salvar de un mal que esclaviza sin especificar el modo, sin dar nada a cambio.
Sacrificio. Es la ofrenda que se hace a Dios para entrar en comuniòn con El. Y Jesùs ofrece a su Padre, como Cabeza de la humanidad, la entrega de su vida con el fin de reparar la desobediencia del pecado y restablecer la Alianza con Dios.
d) Que es el pecado?
El pecado es un acto desordenado de nuestra voluntad que nos aparta de Dios: es un mal que està en nosotros, no es un mal que se hace a Dios en sì mismo.
Es una ofensa o un agravio a Dios pero no significa que Dios haya sufrido algùn menoscabo, o que se le haya causado alguna pena o haya disminuido su felicidad.
El mal producido por el pecado sòlo se da en la criatura que falla pues esta se envilece y pierde la uniòn con Dios, nuestro bien.
Ante la infidelidad de su pueblo pregunta el Señor: “Pero acaso me ofenden a mì, no es màs bien a ellos mismos, para su verguenza? (Jer 7,19).
Como se repara el pecado?
La reparaciòn del pecado consiste en la liberaciòn del desorden, del mal introducido en el hombre; es restaurar al hombre caìdo segùn la imagen de Dios en la que fue creado.
Consiste en la conversiòn del hombre a Dios mediante la gracia que le une a Dios y corrige su separaciòn de Dios (la culpa), y tambièn en la eliminaciòn de las penalidades que el pecado lleva consigo (la pena).
“Satisfaciòn del pecado” o “desagravio” significa que se requieren algunas acciones del hombre para la reparaciòn completa del pecado, lo cual tiene una semejanza con lo que se acostumbra entre los hombres para el perdòn de una ofensa; pero no es que Dios necesita la restauraciòn de algùn bien perdido. Somos nosotros los que recuperamos la relaciòn con El.
Tradiciòn patrìstica sobre la redenciòn
La divinizaciòn del hombre en los padres orientales (griegos): dijeron que Cristo ha venido a comunicarnos la semejanza con Dios perdida con el pecado. El Verbo con la misma Encarnaciòn santifica todo lo que toca.
Emplearon la imagen del “intercambio”: el Verbo se ha hecho partìcipe de lo nuestro, la humanidad, para hacernos partìcipes de lo suyo, la divinidad. (aspecto descendente)
Los padres occidentales (latinos) se fijan en el aspecto ascendente de la salvaciòn. Cristo, nuestra Cabeza en nombre de toda la humanidad nos gana la salvaciòn ofreciendo a su Padre el sacrificio perfecto de su vida para reparar nuestro pecado y reconciliarnos con Dios.
Interpretaciones incompletas o erròneas sobre la redenciòn
a) Los derechos del demonio: al cometer el pecado de origen, el hombre voluntariamente se habrìa hecho esclavo del demonio. La sangre de Jesùs serìa el “rescate”, el precio pagado al demonio para librar al hombre de su esclavitud. Fue combatida por San Gregorio de Nacianzo.
b) La interpretaciòn jurìdica de San Anselmo de Cantorbery: veìa a Dios como Señor soberano, cuyo honor es ofendido por el pecado. Ante esta ofensa, el orden de la justicia divina exige con todo rigor una reparaciòn voluntaria adecuada (satisfaciòn) o bien un castigo. Pero como la deuda era tan grande el hombre no podìa pagarla y tenìa que ser Dios hecho hombre el que podìa liberar a la humanidad de la pena debida al pecado.
c) La redenciòn como enseñanza por vìa de ejemplo. Expuesta por Pedro Abelardo en el siglo XII. Para èl la redenciòn es el resultado de la revelaciòn del amor de Dios, manifestado sobre todo en la Pasiòn de Cristo; ese amor suscita nustra respuesta de amor, nos incita a seguir su ejemplo, y asì podemos obtener la justificaciòn.
Es una interpretaciòn insuficiente pues deja sin explicar còmo Jesucristo repara el pecado del mundo y comunica la gracia que renueva el pecador.
d) La redenciòn como substituciòn penal (protestantes): Para Lutero, la satisfaciòn tiene lugar precisamente mediante un castigo. Cristo cae bajo la ira de Dios, porque, segùn su interpretaciòn de San Pablo (Gal 3,13), tomò sobre sì no sòlo las consecuencias del pecado sino el pecado mismo: Cristo se hizo pecador.
La muerte es el castigo infligido por Dios Padre a su Hijo en lugar nuestro. Y porque Cristo ha pagado plenamente la deuda debida a Dios, nosotros quedamos dispensados de todo castigo. Cristo nos redime por medio de una “sustituciòn penal” tomando nuestro lugar y sufriendo el castigo de Dios.
Esta teorìa es errònea, y presenta a Dios no como Padre que nos ama sino como soberano vindicativo que castiga al inocente.
e) Explicaciones autonomistas y subjetivistas (Siglo XX): Presentan a Cristo como el maestro, el guìa ètico y el ejemplo de vida; pero su influjo en el hombre es sòlo moral, de modo que la salvaciòn no nos viene de El, sino que es el hombre quien se redime a sì mismo autònomamente, siguiendo a Cristo. Su Muerte es vista simplemente como el sìmbolo supremo del esfuerzo de la humanidad por librarse del mal.
La teologìa de la liberaciòn plantea que el origen del mal es la mala distribuciòn de la riqueza, y la liberaciòn de la humanidad se harà con la reforma polìtica y social. No entienden que primero los corazones tienen que ser transformados con la vida de lo alto.
Sìntesis teològicas del misterio de la salvaciòn
a) La salvaciòn del hombre es don de Dios Padre, que concilia su amor misericordioso y su justicia, mediante la redenciòn llevada a cabo por Cristo Jesùs.
La salvaciòn sigue tambièn el orden de la justicia divina. Dios quiso libremente que el hombre se implicara en la salvaciòn, que hiciera algo de su parte, como es justo. Para liberarse del pecado cometido, el hombre tiene que arrepentirse de èl y reparar el desorden que èste introdujo: èsta es la “satisfaciòn”requerida.
Nadie puede reparar en sì mismo el pecado, pues para ello hace falta la gracia divina, que el hombre no tiene por sì mismo. Ningùn hombre podrìa satisfacer por todo el linaje humano auque fuera muy santo.
La redenciòn llevada a cabo por Cristo concilia admirablemente la misericordia y la justicia divinas. Si Dios hubiera establecido una Nueva Alianza con el gènero humano sin que el hombre pusiera algo de su parte, no habrìa actuado injustamente sino al margen de su justicia, guiàndose sòlo por su misericordia.
De esta manera brilla màs su misericordia cuando va unida a su justicia, pues nos libera gratuitamente y, a la vez, lo hace del modo màs conveniente y digno para nosotros.
Se puede decir que la raìz y el corazòn del misterio redentor lo constituye esta admirable conciliaciòn entre la misericordia y la justicia divinas: la salvaciòn es un misterio del amor misericordioso de Dios que comprende tambièn la satisfacciòn y el mèrito de cristo por nosotros.
b) La salvaciòn es obra del Hijo de Dios hecho hombre y Cabeza del gènero humano: aspecto ascendente y descendente de las acciones de Cristo. El Hijo de Dios vino al mundo para salvarnos; y hecho hombre, llevò a cabo la obra de nuestra redenciòn: El es el Redentor del hombre.
En el aspecto ascendente de la obra de Cristo. Jesùs representa a los hombres ante Dios como nuevo Adàn y Cabeza de la humanidad sellando una nueva relaciòn de Alianza entre Dios y los hombres y obteniendo de su Padre la salvaciòn para nosotros.
En el aspecto descendente de la obra de Cristo tenemos que el Verbo es enviado por el Padre para comunicarnos los dones divinos de la salvaciòn y la vida sobrenatural y a la vez revelarnos a Dios como Padre. Cristo es la Cabeza o el principio de la vida sobrenatural para todo el linaje humano, de modo semejante como Adàn fue su principio en cuanto a la vida natural.
Union del aspecto descendente y el ascendente. Jesucristo es el “sì” de Dios, de su amor fiel para salvarnos, a pesar del pecado del hombre. Jesùs es el “Amèn” de los hombres, quien asiente en nombre de ellos a la Alianza que Dios propone.
c) El Espìritu Santo coopera en la salvaciòn uniendo los hombres a Cristo y hacièndoles partìcipes de su obra redentora.
El plan de Dios Padre es que los hombres entremos en comuniòn con El por medio del Verbo encarnado. Por tanto la obra de Cristo debe alcanzar a cada uno de los hombres que asì reciben los frutos de la redenciòn; y esto se realiza por la acciòn del Espìritu Santo.
El Espìritu Santo, que es Señor y dador de vida, con su poder infinito alcanza a todos los hombres de todos los tiempos, y hace que las acciones y mèritos de Cristo se puedan aplicar y tener eficacia salvìfica en cada uno: hace posible que cada miembro de la iglesia entre en comuniòn con el Hijo de Dios se incorpore a El y participe de la redenciòn.
Categories: Temas de Clases y Conferencias
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